Río de Janeiro, sede del caos #JMJ

 

 

RÍO DE JANEIRO.— Sólo se necesita andar un poco por la ciudad para que aflore el caos. Intentar abordar el metro horas antes de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) o subir a un bus hacia donde pasará el papamóvil puede terminar siendo una pesadilla.

Dos fallas eléctricas obligaron a que el servicio de metro quedara paralizado varias horas durante dos días seguidos.

Eso, sumado al tránsito de por sí complicado, lleva a muchos a cargar las culpas contra las autoridades.

Si a todo esto se le agrega que la capacidad hotelera, por ejemplo para la JMJ ya estaba agotada hace cuatro meses, las preguntas de qué pasará cuando se celebre otro evento que convoca a otra religión, el Mundial del Futbol, o los juegos Olímpicos salen a relucir. Todo parece indicar que el caos está garantizado.

Desde que el Papa llegó al país, falló el dispositivo de seguridad, que dejó a merced del mundo al Sumo Pontífice y al resto de su comitiva.

El metro dejó a cientos de miles de usuarios a pie y el sistema de buses desapareció literalmente de las calles la noche del martes, cuando cientos de miles de peregrinos intentaban volver a sus albergues desde Copacabana, donde se celebró la misa inaugural de la JMJ.

“Desde las 11 de la noche comenzamos a buscar un bus que nos llevara y no lo conseguimos. Nosotros dormimos en la playa, pero la mayoría llegó caminando hasta 15 kilómetros y otros se arreglaron haciendo auto stop”, explicaMicaela Sánchez, que llegó a la JMJ junto con un grupo de chicos y chicas de Rosario, Argentina y por estos días están instalados en una parroquia en Tijuca.

Días antes de la llegada del Papa, Leonardo Maciel, presidente de Río Eventos, una agencia municipal creada por el alcalde Eduardo Paes para coordinar la Copa Confederaciones, la JMJ, el Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos en el 2016, aseguraban que la visita papal sería una prueba de fuego de cara a esos eventos multitudinarios.

El fracaso está la vista. No sólo de Maciel, sino también de los ministerios del gobierno nacional que participaron en la organización de la JMJ. Eso, sin contar con que este evento ha dejado al desnudo la obsolescencia de la infraestructura y la falta de obras en la ciudad para mejorar la situación.

“Recibimos 1.2 millones de personas durante estos días y ya todo se convirtió en un caos. A la falta de planificación y de previsión se le suma que no hay obras. Sólo se construyeron estadios, muchos de lo cuales ya estaban (como el Maracaná), pero salvo algún puente, las rutas son las mismas, llenas de huecos, y el metro es el mismo desde hace más de 13 años. Ahí se explica un poco la bronca de los cariocas, que se preguntan adónde va a parar la abultada carga impositiva”, explica el ingeniero Ubaldo Costa, especialista en políticas urbanas.

“Cuando se supo que la ciudad albergaría la final del Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos, de inmediato se debieron planificar y poner en marcha obras urgentes”, reflexiona el ingeniero Costa. “El gobierno adujo que las finanzas públicas no daban para tanto”.

Por eso, la noche del martes, los usuarios sin metro y sin buses improvisaron una protesta cortando la avenida Río Branco. Allí se destacaba una pancarta: “Yo también quiero viajar en helicóptero”, decía, aludiendo al transporte que usó el Papa durante un tramo de su trayecto.

Protestan contra las construcciones

Buena parte de las manifestaciones son para criticar la presunta sobrefacturación de las obras de los estadios y la falta de otras que le complican la vida a la gente.

Frente a este caos, el prefecto Paes sólo sabe disculparse: por los problemas en el metro, en el tránsito, en la improvisación en el esquema de seguridad del Papa, etc. En lo que a la infraestructura respecta, aquí en Río de Janeiro únicamente un puente exclusivo para buses que sale Del aeropuerto Del Galeao conecta con una de las avenidas que llevan al centro de la ciudad, pero todavía está en construcción.

¿Y lo que falta en cuanto a caminos, transporte, metro y hoteles? “Habrá que encomendarse a algún santo, porque hasta el Cristo do Corcovado está en problemas”, se resigna Creuza Souto, policía municipal, y no falta a la verdad.

La imagen icónica de la ciudad, que reina en las alturas del Corcovado, está falto de mantenimiento y los turistas se quejan de la falta de “explicaciones en otros idiomas” en un sitio que diariamente es visitado por entre 4 y 5 mil personas, la mayoría turistas extranjeros.

Por eso no hace falta andar mucho para tener dudas respecto a lo que pueda pasar de aquí al cierre de los Juegos Olímpicos, en una ciudad a la que, si le faltaba ser sede de algo, hoy lo ha conseguido: ser la sede del caos.

Fuente: El Universal

 

 

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