México y Brasil: dos naciones imprescindibles en el mundo.

 

 

*Beatriz Paredes

Cuando millares de gargantas corearon “Brasil, Brasil” en el Estadio Jalisco de futbol, un pacto secreto se selló entre el pueblo de México y la población brasileña, que vio coronarse en 1970 a su selección como tricampeona del mundo, en el deporte que mueve y hechiza a los más grandes conglomerados del orbe. Esa reacción de la afición jalisciense y de la afición mexicana, en general, reveló lo que de muchos era conocido: los mexicanos teníamos una idea romántica de Brasil. O de manera simple y llana ¡admiración por ese gran país y por su gente! Escribió don Alfonso Reyes, embajador de México en Brasil (1930–1936):

El Creador de Brasil “comenzó por disponer de enormes cantidades de los cuatro elementos —tierra, agua, aire y fuego— de suerte que casi desequilibró la proporción del planeta. Usó una mole de tierra tan inmensa que, aunque tenía encargo de fabricar una comarca, más bien fabricó un continente metido dentro del continente americano; usó tan exorbitante masa de agua que, en las cataratas del Iguazú, en la cuenca del Amazonas y en otras redes fluviales, estuvo a punto de sorber toda la humedad atmosférica y todo el líquido de los océanos, al grado que la desembocadura del Marañón, más que una desembocadura, es un combate de igual a igual entre dos mares; usó tan enormes zonas de aire, que es muy creíble que haya necesitado disponer de la atmósfera de la Luna, aunque en esto las autoridades no están de acuerdo, pues otros sostienen que el planeta tuvo que exprimirse como una esponja para ceder algunas de sus emanaciones interiores; usó tan intensas calidades del fuego, que grandes porciones del suelo comenzaron por carbonizarse y luego llegaron a la suprema cristalización del diamante —que no es más que una exageración del carbón—… Al llegar a la síntesis de los cuatro elementos, es decir, al hombre…, y al batir la sustancia de lo que había de ser la gente brasileña, echó dentro de aquel inmenso crisol, ingredientes variados de las más distintas razas y colores, desde el rubio transparente hasta el azabache brillante, pasando por las tonalidades intermedias del cacao y del café… Y de todo ello resulta una hermosa y grande nación que nunca perdió la sonrisa ni la generosidad en medio del sufrimiento, ejemplar a un tiempo en el coraje y en la prudencia, orgullo de la raza humana, promesa de felicidad en los días aciagos que vivimos…”.

Ya intuía el ilustre sabio que, en el tiempo, superando desencuentros, Brasil y México consolidarían sus relaciones y, por encima de la simpatía natural que se expresa entre sus pueblos, encontrarían sendas de cooperación y de impulso al desarrollo. Brasil es nuestro principal socio comercial en América Latina y el Caribe, y octavo a nivel mundial, con un flujo de mercancías de 9 mil 212 millones de dólares en 2014. A su vez, México es el décimo socio comercial de Brasil a nivel global y el segundo en la región. Comerciamos 70% más con Brasil que con Francia, y 113% más que con el Reino Unido. Brasil es también el quinto destino de nuestras exportaciones a nivel mundial, y el primero en América Latina y el Caribe. Lo que exportamos a Brasil es 35% mayor a nuestras exportaciones a Alemania, 81% mayor que a Japón, y casi tres veces mayor que a Bélgica.

Fuente: Excelsior – Por México Global

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