La vida de Steve Jobs en nueve frases

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Igual que antaño lo fueron Dale Carnegie o Henry Ford, uno de los iconos emprendedores del siglo XXI es Steve Jobs. Algo de mitomanía hay en ello debido a su muerte a una edad relativamente temprana -56 años-, a un ‘bestseller’ mundial escrito por Walter Isaacson -publicado estratégicamente poco después de su muerte-, y a una cierta confusión social entre los conceptos emprendedor e inventor.

Estoy totalmente de acuerdo en que la de Steve Jobs fue una vida ejemplar, aunque por motivos bastante diferentes a los comúnmente aceptados. Millones de personas consideran a Jobs el padre del iPod, del iPad o del iPhone. Eso, que es matizable, le convertiría en un empresario ejemplar, no en un emprendedor de éxito.

Jobs fue, sobre todo, un visionario, una persona que, merced a su destreza profesional, apostó por la innovación con un éxito que será difícil emular en el futuro. De hecho, Jobs tuvo suerte. Mucha suerte. La gran mayoría de personas que emprenda una radical apuesta por la innovación y la creación de productos que no tienen una demanda real, esperando generarla con ello, se encontrará con una empresa quebrada a corto o medio plazo. En pocas palabras, ése fue su enorme mérito.

Ni Jobs ni nadie de su equipo crearon los ‘smartphones’, ni las tabletas o los aparatos de reproducción digital. Lo que sí hicieron fue evolucionarlos hasta generar una demanda mundial de ese tipo de dispositivos. Crearon un mercado que no existía, y lograron cifras récord de ventas. En el año 2012 Apple declaraba haber vendido 400 millones de unidades de iPad, iPhone e iPod en todo el mundo.
Jobs, un ejemplo de superación

El éxito de Jobs y de Apple es de sobra conocido. Lo excepcional del caso de Steve Jobs es que podría presumir de algo excepcional: consiguió un éxito similar cuando, por discrepancias internas, fue expulsado de Apple en 1985 y abordó otros proyectos.

En 1986 Jobs compró el pequeño departamento de efectos especiales TheGraphicsGroup, propiedad de George Lucas, por 5 millones de dólares. Decidió invertir otros 5 millones en la empresa y cambiar su nombre. Así fue como nació Pixar.

En 2006 la empresa en la que Steve Jobs invirtió diez millones de dólares, y que había producido enormes éxitos para Disney como ToyStory, Monsters, Up o Los increíbles, entre otros títulos, fue vendida a Walt Disney Company por 7.000 millones de dólares. Con ello se convertía en el máximo accionista individual de Walt Disney con una participación del 7%

De todas las que nos dio, tal vez ésa sea la mejor y más importante lección de Jobs. Incluso tras los peores momentos, tras perder todo por lo que ha trabajado en muchos años -como le ocurrió a él al ser apartado de Apple, el proyecto de su vida-, un hombre luchador y con fe puede levantarse, recuperarse y, con la suficiente motivación, lograr cosas imposibles.

Las lecciones de Steve Jobs

En pocas palabras, Steve Jobs es un auténtico ejemplo que inspirará a generaciones enteras de emprendedores. Pero no fue el único. A modo de resumen, éstas son las otras lecciones que podemos extraer de su vida en 9 frases maestras:

1. “La innovación es lo que distingue a un líder y a un seguidor”.

El mundo puede dividirse en seguidores y seguidos. A veces pueden confundirse entre sí, pero al final, a medio plazo, la diferencia entre ambos es evidente. Es necesario dedicar un minuto de nuestras vidas a pensar si estamos cambiando algo, si mejoramos o innovamos en nuestro sector, o si, por el contrario, somos uno más de los millones de personas que, sin inquietud y sin hacerse preguntas, siguen la estela de otro líder.

2. “No me interesa ser el hombre más rico del cementerio. Ir a la cama por la noche pensando que hemos hecho algo maravilloso… Eso es lo que me importa”.

El dinero no puede -ni debe- ser la única motivación, o lo único que conseguiremos, si todo va bien, es ser rico. Jobs declaró en cierta ocasión que era “la única persona que conocía que había perdido en un mismo año 250 millones de dólares. Eso es algo que fortalece el carácter”. Si el dinero es la única motivación, un proyecto vital o empresarial se hace conservador.

3. “Mi trabajo no es caer bien a la gente. Mi trabajo es hacerla mejor”.

Jobs era ferozmente odiado por muchos de sus empleados. Los que trabajaron con él retratan a un personaje duro, frío, egocéntrico, exigente y adicto al trabajo. Muchas veces los genios no son personas sociables. Con métodos que podrían parecernos poco ortodoxos, Jobs consiguió sacar lo mejor de sus equipos, ese 120% necesario para lograr cambiar el mundo.

4. “¿Por qué enrolarse en la Armada cuando puedes ser un pirata?”.

Cada uno elige su propio destino. Hay un momento en el que debemos elegir ser uno más a las órdenes de otro -enrolarte en la Armada- o apostar por vivir una aventura, navegar solo y escribir nuestro propio destino. Lo cierto es que quienes se enrolan en la Armada rara vez escriben la Historia.

5. “El diseño no es solo cómo se ve o cómo se siente. El diseño es cómo funciona”.

Una gran parte del éxito de Jobs radica en que sus creaciones no eran solo estéticas -la gente habla sin parar de la estética de Apple, que para mí es algo secundario-. La clave es la usabilidad. Con solo 3 años mi hija ya usaba el iPad. Lo excepcional no es su bonito color, blanco y aluminio, sino que estaba tan bien pensando que cualquier persona podía usarlo sin ningún tipo de problemas.

6. “La gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”.

Esto es algo que solo está a disposición de los genios con mayúsculas, es decir, personajes que rara vez aparecen en más de una o dos ocasiones por siglo y que cambian el mundo. La diferencia entre Carlos Slim -el hombre más rico del mundo en el año 2012- y Steve Jobs no radica en la cantidad de ceros en sus cuentas corrientes -ambas no pueden quejarse-, sino en lo siguiente: mientras que el primero es un empresario inmensamente rico, el segundo, además, cambió el mundo. Y eso es algo que nunca podrá discutírsele.

7. “Cambiaría toda la tecnología del mundo por una tarde con Sócrates”.

Todo es siempre subjetivo. Resulta de vital importancia tener algo, o a alguien, que te inspire. Aunque no lo parezca, el valor de lo que consigas puede ser insignificante si se pone otro tipo de magnitudes en el mismo plano.

8. “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”

Jobs decía que cada noche, antes de irse a dormir, se hacía ante el espejo esa pregunta. Si la respuesta era “no” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo de forma profunda y urgente en su vida. Si cada día miles de empleados por cuenta ajena en nuestro país hicieran lo mismo, las vocaciones emprendedoras brotarían en cada esquina.

9. “Ni siquiera la gente que desea ir al cielo quiere morir para llegar ahí. Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día tendrás razón”.

Ésta es una frase que intento aplicar en mi vida cotidiana, algo que recuerdo con frecuencia. Cualquier persona que quiera dejar un legado debe hacerlo sin que eso le obsesione y aprovechando cada día, cada efímero momento. Las dificultades que parecen aplastarnos tienen en realidad un peso mínimo comparadas con los problemas trascendentes que, irremediablemente, nos encontraremos en la vida.

Fuente: El Confidencial
Foto: El Economista

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